Dos años antes de su fallecimiento, Horacio Muratore recibió a LA GACETA para repasar una vida dedicada al básquet. En aquella conversación recordó que su vocación dirigencial nació en Tucumán BB, el club que quedaba frente a su casa y donde aprendió, siguiendo el ejemplo de su padre, que las instituciones deportivas eran mucho más que un lugar para competir: eran espacios de contención y pertenencia. También evocó el camino que lo llevó desde la presidencia de la Federación Tucumana hasta la Confederación Argentina y, más tarde, a convertirse en el primer argentino en conducir la FIBA. Sin embargo, al hablar de las razones de ese recorrido, evitó los grandes discursos. "Mi mente solo estaba en trabajar", dijo. Y dejó una frase que hoy resume su legado: "Siempre cumplí con lo que dije que iba a hacer. No hay otro secreto".